En tu cabeza

Amas la ausencia de sonido, te encuentras en la multitud de tu sola persona, sientes una satisfacción extraña que embotellada tus sentidos. Te emborracha.

Estás parado abriendo los brazos, sin hogar estas en tu cúspide sobreviviendo a tu suerte. Eres tu propia religión y tu propio Estado.

Sigues asi, y te encuentras, pero no sonríes. Ese no eres tú. Apenas te reconoces. Miles de aullidos cruzan los tres círculos concéntricos del destino. Ayer, hoy y mañana. Te miras y sabes de dónde vienes pero no a dónde vas. 

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