Máscara

En un mundo acostumbrado a bailar con máscaras, ir con la cara descubierta es un acto hostil.

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La ciudad sin espiritu

Bajas ensimismado las pantorrillas de la ciudad, para entrar en sus venas y sentir el latir de la evolución. Vaivenes de acero que transportan tantos pensares, gusanos empachados de gente, tanta multitud, tanta soledad.

Te paras y esperas que gentilmente una de esas flechas se detenga, y así como empujado por la sinergia, penetras a sus entrañas. Te dejas llevar.

Tomas uno de los tantos asientos, buscas a tu gemelo que de reojo vigila tus movimientos. Le miras a los ojos buscando la respuestas a sus porqués. Frente a su mutismo le dedicas unas muecas, sabiendo antes que él, ya que su pensamiento existió cantes en tu cabeza, que el repetirá a la perfección.

Haces desaparecer al ello. Miras derredor y tanto vacío desborda el espacio vital. Un pequeño aún idealista, sonrié porque conoce la felicidad es eterna. Claro, lo que dure su eternidad. Pasará aun un tiempo antes que la dama del último sueño, le de el pase gratis sin vuelta a la vida real. Sin leer en la letra chica, que tiene un costo más iva de la sonrisa. Intacto mortal de realidad.

Una voz te devuelve a ti, repite la parada en la que descenderás, dejás atrás al pequeño y sus juegos de infancia, que ya grises se pierden en la habitación de los trastos. Imperio del equilibrio, decadencia involuta que te impulsa a la indiferencia. Desciendes a un mar de publicidades que trabajan en tu subconsciente. Sonries empático a su poder invisible.

Te subes a la alfombra mágica que te ahorra el desgaste existencial de simular el éxito empresarial en períodos definidos. Y vas elevando tu persona, y eres un iluminado. Claro que solo a 100 watts.

Una bocanada de hedor humano te invita a su salón principal. La ciudad y sus hombres sin espíritu.

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Silencio que aturde

Hoy puedo ver,

con lágrimas en los ojos.

Mirando al cielo;

Tirando piedras al arroyo.

Ese silencio a gritos.

 

Esquizofrenia de la soledad,

No me has llamado,

O ya vives en mi.

Ese silencio que aturde.

 

Esquizofrenia de la soledad,

Esa mujer sin sentimientos ni edad;

Que devora tu voz.

El sonido de la soledad.

 

Ayer pude ver,

con lágrimas en la mejilla.

Mirando al suelo;

Recogiendo piedras del arroyo,

Ese silencio que no calla.

 

Esquizofrenia de la soledad,

No me has llamado,

O ya vives en mi.

Ese silencio… Ese silencio….

Los Borregos

Se encuentran dos hacendados mirando a los borregos que empiezan a amontonarse en el camino del corral al matadero, y uno de ellos le dice al otro:

-“Ten cuidado con tu manada de borregos, que cuando empiezan a juntarse, pueden romper las paredes del corral y escapar. O quien sabe, simplemente dejar de mirar siempre de frente y descontrolarse”.

El otro sin mirarlo y con una sonrisa cruzada en su rostro le contesta.

– “No te olvides que todo patron que se aprecie tiene por lo menos dos perros feroces que siempre los mantendran a raya”. Girando su cabeza hacia su lado derecho, ve por el rabillo del ojo a sus dos orgullos siempre preparados: “Guerra” y su obediente “Crisis”.