El puzzle de la vida

En el puzzle de la vida, no hay que buscar la pieza perfecta, sino que lo importante es buscar la pieza adecuada que te complete.

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Tu decisión 

En el silencio de mi respuesta aturden a gritos sordos los ecos de las conocidas tumbas de los recuerdos recientes. Una guerra perdida sin ganadores.  

Se retuercen, se quiebran sus cristales antaño bellos. Tu decisión fue la tormenta en la calma equilibrada. No justa tal vez, pero sin pensamientos rehenes de la verdad absurda.

En fin, el juez tiempo algún día dará su sentencia lógica. No sin cicatrices debajo de la piel y con una vieja sonrisa borrosa mordiendo lo prohibido. 

Ideas desdibujadas

En la oscuridad más profunda, esperan rabiosos los demonios de tu conciencia. Sólo tú los ves, sólo tú los escuchas, sólo tú sabes que ellos están atentos a tu idilio maquiavélico.

Eres el mesías de tu propia garganta que en gritos petrificados del alma vacía de su espíritu clama en lenguas de fuego la atención del cosmos, más allá del universo pero más aquí que el tiempo. 

¡Clava tu vista a los demonios, desafiales en su territorio, clama tu corona de orden y destino! Es tu mundo y tu realidad. Y verás mesías, como el cielo se te desplaza en tus manos, porque eres tu.

Graciosa circunferencia dibujan los sueños cuando se estampan con la realidad, babilonia se resquebrajea en sus cimientos, o es acaso el fénix de la antigua troyano derramando voces. Es así.

Toma un minuto entre tus dedos, miralo a través del sol y ese es el diamante de tu vida. Ni el oro vale tanto que tu minuto. Sólo con el dominas el todo. En el se define la eterna batalla del bien y el mal. Saborealo, ya que cuando tomas ese diamante entre tus dedos brutos, ya ha dejado de existir. Es futuro cuando lo quieres tomar, presente cuando lo intelectualizas y pasado cuando lo has tomado. 

Gravedad insensible de la calamidad del corazón. Es el eterno devenir. ¿Todo o nada? Siempre triunfa el todo, ya que al ser el todo, incluye y contiene a la nada, aunque la nada, en sí misma nada sea, será aunque sea un concepto y como tal ya empezó a ser parte del todo. No sólo la cuarta dimensión, ni el demonio maldito de Descartes. 

En tu cabeza

Amas la ausencia de sonido, te encuentras en la multitud de tu sola persona, sientes una satisfacción extraña que embotellada tus sentidos. Te emborracha.

Estás parado abriendo los brazos, sin hogar estas en tu cúspide sobreviviendo a tu suerte. Eres tu propia religión y tu propio Estado.

Sigues asi, y te encuentras, pero no sonríes. Ese no eres tú. Apenas te reconoces. Miles de aullidos cruzan los tres círculos concéntricos del destino. Ayer, hoy y mañana. Te miras y sabes de dónde vienes pero no a dónde vas.